Desarrollo Espiritual: Aprender a dar amor

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Dar amor es, para muchos de nosotros, uno de esos aspectos que nos generan dificultades, y muchas dudas. Desde pequeños, aprendemos a dar y recibir amor de manera condicionada, y a medida que crecemos este comportamiento se perpetúa, limitando nuestras relaciones afectivas y causándonos muchísimo sufrimiento.

La mayoría de nosotros tenemos problemas para dar amor porque hemos confundido su significado desde un principio. El amor condicionado es una de esas cosas que trabajo constantemente con las personas que vienen a consulta (y yo aprendo con ellos a medida que avanzamos… o eso intento).

Esta semana me pareció buena idea repasar un poco las maneras en las que condicionamos nuestra capacidad para dar amor, y los obstáculos que debemos superar en nosotros mismos para poder aprender a amar sin limitarnos a nosotros mismos, ni a nuestros seres amados.

Lo que aprendimos acerca del amor

A medida que atravesamos nuestros años de la infancia, es usual encontrarse con muchas medidas de manipulación paterna o adulta. Nuestros padres no hacen esto porque son malos, sino porque sienten que ejerciendo este tipo de control pueden protegernos o educarnos en base a lo que ellos mismos han aprendido.

Entonces, cuando vamos creciendo vamos aprendiendo que si somos “buenos”, y hacemos lo que los demás esperan de nosotros, recibiremos aprobación, reconocimiento, afecto y hasta recompensas materiales a cambio de nuestro esfuerzo. En este trayecto, incontables veces terminamos traicionándonos a nosotros mismos, a nuestros anhelos internos, a nuestros deseos o a nuestra intuición para acomodar a la figura de autoridad de turno. Esto es un mecanismo de supervivencia que se activa automáticamente porque nuestro inconsciente sabe que de estas personas depende nuestra supervivencia, y debemos acomodarnos a la situación si queremos sobrevivir nuestros años más vulnerables.

A medida que vamos creciendo, aprendemos que si nos comportamos de determinada manera, la otra persona nos dará lo que queremos/necesitamos, y nos damos cuenta de que podemos manipular a otros de la misma manera, obteniendo lo que queremos a cambio de que sean o hagan según nuestras preferencias.

Esta manera de ser termina esclavizando tanto a los otros como a nosotros mismos, ya que cuando la otra persona no actúa según lo esperado, nos sentimos vulnerables e inseguros, adoptando las máscaras de la ofensa, el enojo, el victimismo, la tristeza y el miedo. En nuestro interior, todavía creemos que para poder subsistir debemos obtener lo que queremos de la otra persona, y cuando esto no sucede nos causa un gran sufrimiento.

La verdadera naturaleza del amor

La realidad es que el amor no proviene de afuera, sino que es algo que forma parte de nuestra naturaleza original. El amor es algo que se experimenta en el interior y desborda hacia el exterior, no es algo de lo que carecemos y debemos obtener de los demás. Cuando nos sentimos llenos de amor, no necesitamos obtener algo específico del otro a cambio, sino que nos damos cuenta de que el amor forma una parte tan poderosa de quienes somos que no podemos más que dejarlo salir.

El amor no es una dependencia enfermiza que nos esclaviza, sino que es una aceptación que nos libera. Amor no es apego ni necesidad, es respeto y compasión, es querer lo mejor para los demás tal como lo queremos para nosotros mismos, a pesar de que sus deseos no cuadren con los nuestros.

Amar a una persona es darle la libertad de ser quien es, libre de nuestros prejuicios, preferencias y necesidades. Cuando amamos, nos brindamos tal cuales somos sin escatimar y sin esperar nada a cambio. Lo hacemos porque así nos sentimos, y porque lo elegimos, haciéndonos cargo de nuestra elección y sin culpar a nadie por los resultados.

A todos por igual

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Se relaciona al corazón con el amor ya que es el chakra que rige el nivel del corazón el que nos conecta directamente con nuestros planos superiores y nuestra consciencia de Ser (un ser de AMOR).

Creo que uno de los retos más grandes que enfrentamos cuando queremos aprender a amar de verdad es no hacer diferencias. Lo más usual es expresar un gran amor (que podría parecer incondicional) por las cosas que aprobamos o que nos son cercanas, y un gran desprecio (muchas veces encubierto), por las cosas que escapan de nuestro alcance.

Puedo citar, por ejemplo, a las personas que expresan mucho amor por sus allegados, pero desprecian a los desconocidos. También hay quienes parecen expresar mucho amor por las personas que pasan hambre o viven en las calles, al mismo tiempo que desprecian a los adinerados o a los criminales. Otro ejemplo muy usual son las personas que sienten un gran amor por los animales, pero tienen muchos prejuicios hacia los seres humanos.

La realidad es que todos los seres somos aspectos de la divinidad encarnados en la dualidad, todos cometemos errores o percibimos incorrectamente, y todos nos perdemos en patrones de inconsciencia que nos causan perjuicios a nosotros mismos y a los demás. Si nosotros nos equivocamos y tenemos derecho a ser perdonados, entonces los demás también, y los grados sólo existen para el ego, por lo cual no hay excusas para no perdonar y corregir la percepción de nuestros prejuicios, sean de la naturaleza que sean.

El estado de amor incondicional

A la mayoría de las personas nos cuesta alinearnos de manera constante con la vibración del amor incondicional. Puedo decir con plena confianza que, en los momentos en los que experimento este estado, los mayores beneficios son para mí. Generalmente me siento de esa manera cuando doy clases, estoy en consulta o cuando escribo, y puedo percibir el desperdicio de tiempo y energía que gastamos todos los días en sostener prejuicios.

La mayoría de nosotros ha experimentado un estado de amor incondicional, pero no estamos preparados para sostenerlo. Al enfrentarnos con el primer evento que nos hace identificarnos nuevamente con los prejuicios, ya volvemos inmediatamente a la desconexión y al sufrimiento.

El estado de amor incondicional es un momento de expansión constante, en el que no necesitamos nada más que el momento presente para sentirnos satisfechos. Nos hallamos en paz con lo que ES, sin estar esperando el futuro o recordando el pasado, sencillamente estamos en aceptación de este momento, y este momento, y este momento… sintiéndonos plenamente satisfechos por el simple hecho de estar, y de ser un Ser.

El amor incondicional y las relaciones afectivas

Cuando encaramos las relaciones afectivas desde un estado de amor incondicional (o una intención de que así sea, porque generalmente cuesta), no esperamos que el otro haga nada a cambio de nuestro amor, sino que nos regocijamos en compartir todo lo que somos con todo lo que la otra persona es, y en acompañarlo en cada cosa que esa persona elija para su vida, estemos o no de acuerdo con ella.

Cuando amamos a la otra persona, le damos libertad de ser quien es, y de hacer su camino de vida, sin importar que transcurra o no al lado del nuestro. Debemos superar muchos niveles de apego para poder generar más amor incondicional en nuestras relaciones, pero la capacidad de crecimiento que tienen las personas que intentan vivir en esta incondicionalidad es constante y muy elevada.

Es muy importante para poder llegar a este estado, aprender a satisfacer nuestras propias necesidades como seres emocionalmente maduros. Si podemos amarnos a nosotros mismos, aceptarnos y cubrir nuestras propias necesidades, no estaremos poniendo en la otra persona el peso de tener que hacernos felices, sino que la felicidad es algo que poseeremos por cuenta propia, y lo compartiremos en la relación.

Todo lo que necesitamos proviene de nuestro interior, y nada ni nadie puede proveernos desde el exterior algo que sentimos que no poseemos por derecho propio. Por lo pronto, mi sugerencia es convertirnos en nuestros mayores proveedores de amor. Si necesitamos una caricia, nos acariciamos, si necesitamos que alguien nos diga que nos ama, nos lo decimos al espejo, si necesitamos un mimo, nos mimamos, y cuando aprendamos que la capacidad de todas esas cosas está dentro nuestro, la próxima vez que queramos experimentar amor, lo daremos, y también será para nosotros.

 

*Imágenes cortesía de pl.forwallpaper.com

2 comentarios en “Desarrollo Espiritual: Aprender a dar amor

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