Una manera de lidiar con el estrés mental

Esta semana había recibido noticias un poco complicadas, que se  combinaban con un momento de por sí bastante exigido, en el que estoy preparando el lanzamiento de mis nuevos libros. Mi mente no sabía muy bien qué hacer con todo eso, y decidí recurrir a Un Curso de Milagros (libro con el que estudio hace muchos años), para que me diera una manito.

¿Nunca lo habías hecho? Te recomiendo que lo intentes. Cuando quieras recibir consejo en algún momento de tu vida, toma tu libro favorito y abre una página al azar teniendo en mente que en ese lugar encontrarás la respuesta a tu interrogante, o al menos alguna información relevante que te resultará de ayuda.

En fin, yo encuentro que Un Curso de Milagros es especialmente bueno para esta práctica, y la respuesta no se hizo esperar. En la página elegida, se leía claramente:

“Permítaseme reconocer que este problema ya está resuelto.”

Era exactamente lo que necesitaba escuchar, y una lección de gran valor. Ahora te explico por qué.

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El “pecado original”: Comiendo la manzana del pensamiento.

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Hoy voy a contar una historia. Todos hemos escuchado esta historia alguna vez, pero en esta ocasión, vamos a verla con una luz diferente. Tal vez algunas personas encuentren instructiva esta historia, mientras que otras elijan ignorarla o enjuiciarla. Es simplemente una historia que puede ayudarnos a conocernos más a nosotros mismos. El desenlace, es la elección de cada uno.

Cuando éramos chicos, la mayoría de nosotros escuchó la historia del primer hombre y la primera mujer, que vivían juntos en el paraíso. Adán y Eva, así es como algunas personas han dado en llamar a nuestros primeros ancestros, vivían en un paraíso en el que todas sus necesidades estaban cubiertas. Las fuerzas celestiales que crearon a Adán y a Eva se aseguraron de que sus creaciones fueran felices y estuvieran en paz, de que no les faltara nada, y de darles el libre albedrío de hacer todo a su voluntad.

Nuestros ancestros vivían absolutamente conectados con la tierra y con todos los seres en ella. Vivían en completa comunión con los árboles, las rocas, los animales, el agua y el cielo, y comprendían que eran parte de un todo. Escuchaban en su interior a la divinidad y comprendían que todas sus inquietudes tendrían respuesta antes aún de ser formuladas.

Un día, Adán y Eva encontraron el Árbol del Conocimiento, y la divinidad les dijo “Ése es el árbol del conocimiento. Comer de ese fruto se llama pensar, pero ustedes no lo necesitan“. Siendo que poseían libre albedrío, nuestros ancestros sintieron curiosidad y tuvieron el impulso de preguntarse cómo sería pensar. Su divinidad interna les decía que no lo necesitaban, pero durante un momento se preguntaron… y mordieron el fruto del árbol del conocimiento.

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Cómo saber si estamos tomando decisiones desde el amor o desde el miedo?

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Todas y cada una de las decisiones que tomamos en nuestra vida parten desde una de dos premisas: el amor o el miedo. Tomamos decisiones desde el miedo cuando nos identificamos con nuestras limitaciones y nuestra creencia en la separación, y tomamos decisiones desde el amor cuando recordamos que somos seres eternos y creativos, en constante estado de expansión.

Cuando tomamos decisiones desde el miedo, solemos justificarnos encontrando un millón de razones lógicas y mentales de por qué estamos actuando de la manera en que lo hacemos, y perpetuamos el comportamiento destructivo. Cuando tomamos decisiones desde el amor, no necesitamos justificarlas de ninguna manera, todo está bien con el mundo, y no hay dudas.

¿Cómo podemos darnos cuenta del origen de nuestras decisiones? Observándonos objetivamente podemos notar en nuestra vida las señales de una falta de alineación con nuestra esencia interna.

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Desarrollo Espiritual: Aprender a dar amor

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Dar amor es, para muchos de nosotros, uno de esos aspectos que nos generan dificultades, y muchas dudas. Desde pequeños, aprendemos a dar y recibir amor de manera condicionada, y a medida que crecemos este comportamiento se perpetúa, limitando nuestras relaciones afectivas y causándonos muchísimo sufrimiento.

La mayoría de nosotros tenemos problemas para dar amor porque hemos confundido su significado desde un principio. El amor condicionado es una de esas cosas que trabajo constantemente con las personas que vienen a consulta (y yo aprendo con ellos a medida que avanzamos… o eso intento).

Esta semana me pareció buena idea repasar un poco las maneras en las que condicionamos nuestra capacidad para dar amor, y los obstáculos que debemos superar en nosotros mismos para poder aprender a amar sin limitarnos a nosotros mismos, ni a nuestros seres amados.

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